sábado, 24 de octubre de 2015
HAZ LO QUE SEA PARA QUE NO PAREZCA AMOR
Haz que no parezca Amor.
Que es lo que se lleva ahora.
Duelen tantas tripas en nombre de la libertad.
Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.
Yo es que no quiero nada serio.
Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro físicamente de otro ser humano.
Yo es que no creo en las etiquetas.
Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.
Yo es que busco pasar el rato.
Como si la vida fuera para siempre.
Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.
Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del Amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca Amor.
Y que simplemente parezca un accidente.
*Roy Galán*
lunes, 19 de octubre de 2015
En defensa de lo español.
El filósofo sueco Jan Berg, el primer transexual que tuvo voto en los Nobel, escribió: «La vida transcurre en ausencia de inexistencia». En la política española parece que la vida pasa sin pasar, inerte, muerta, como si desde la Transición todo hubiera sido un eterno esperar, la involución de lo esperado. Los dos bandos, los que sí y los que no, dileptan con la esperanza de que su huida hacia adelante sea eterna. Y entre tanto, los obreros, los que no poseemos los medios de producción, ustedes y yo, asistimos como forzados espectadores al circo de rotras que votamos cada cuatro años.
Vivimos obsesionados por definir nuestra democracia, una asignatura que tenemos pendiente desde hace un siglo, y eso que tuvimos 40 años suspendido el debate por obra y gracia del Caudillo. Lo dijo el ministro republicano Benigno Lema: «España tarda más en definirse que en asentarse». El país del eterno debate, del plebiscito permanente, del Milla o Redondo, del rojos y azules, aplesa en su seno la eterna duda catalana, y de aquellos polvos, estos lodos: Cataluña en eterno viaje, o viraje, y un país con tantas velocidades como aspiraciones autonómicas colecciona.
Dicen que el español se conformará cuando muera. Es posible, o como repetía el torero de principios del XX José González Potele, «el español derrota del lado opuesto al que pretende». Como la impronta importa, seguiremos viendo a políticos diletantes y dilatados flejar para que no se les acabe el chiringuito y el sueldito. Y nuestro compatriota medio, sentado ante la tele, entre tronistas y tronados, seguirá diciendo que sí a todo. Porque, como escribió el libertador bereber Yasine Abdellaoui, «ama a tu país y alberga la esperanza».
PD: Este texto no quiere decir absolutamente nada. Cuatro palabras de las que aparecen son inventadas (búsquenlas), todas las citas son falsas (y no significan más que conceptos vacíos, contradictorios o sin sentido) y los personajes a los que se les atribuyen son inventados. De hecho, todos tienen nombres de jugadores del Rayo Vallecano. El contenido, ya les digo, no quiere decir una mierda, pero alberga vagos tics de temas que nos interesan, que nos indignan, que nos revuelven. Es fácil engañar sobre cuestiones que nos tocan la fibra. Si antes de llegar a este párrafo se estaba creyendo algo o le estaba pareciendo mínimamente brillante, enhorabuena, vivirá admirando a tantos y tantos columnistas que citan sin sentido y retuercen el lenguaje para epatarles. Un consejo: lean críticamente. No se dejen.
PD 2: Comparte esta columna en redes sociales a ver cuántos de tus amigos (o lo que sean) pican.
P.3: En honor a Mai.
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