jueves, 24 de marzo de 2011

El día D

Nunca traspasar el umbral de una puerta costó tanto. Ese trozo de madera separa dos grandes etapas de mi vida. Dejaba atrás la universidad, las fiestas de los jueves, los interminables días de biblioteca, los madrugones para llegar a clase... Pero eran otras cosas las que más me pesaban al pasar a la nueva etapa. Llevo dos días escasos de "nueva vida" y echo de menos muchos de los detalles de mi antigua etapa. Mi tía y mis primas (y sus hijos) son lo que más echo en falta en estos momentos. Han sido como mi madre y mis hermanas/os respectivamente allí. Siempre han estado ahí cuando más me hacía falta y cuando menos también. Solo con mirarme sabían perfectamente que algo no marchaba como debiera o que alguna cosilla me preocupaba más de lo necesario.
Han sido muchísimos "tuppers" de arroz a la cubana (el de mi tía es el mejor que he probado en el mundo entero, jaja), muchos cafés después de comer "rajando" de arriba a abajo al famoseo, muchas conversaciones telefónicas porque "ONO" invita, muchas frases míticas, como "ponte el chori, que es lo que te falta para estar estupenda"o "yo tengo figa para esto y para más"... Miles de sensaciones que con mis propios hermanos o padres no he vivido, pero con ellas sí.
Cuando son las 20.00h miro el reloj pensando "los críos están apunto de llegar" (mis primos pequeños) y parece que aún les oigo decir en voz bajita "abuelita, está Ana?". Echo de menos muchísimas cosas de la vida que mi tía y mis primas me regalaron en Alicante. Si no hubiera sido por ellas, no habría disfrutado tanto de la "vida universitaria" que por suerte pude vivir. Porque eran "mis compis de piso".
Pero he cruzado ese umbral, estoy al otro lado y tengo que mirar hacia delante. Me expongo a la etapa que solidificará mi futuro ( y el de mis hijos), empiezo a construir la vida que quiero vivir y todo lo que aprendí en la anterior etapa ahora lo pongo en práctica. Ahora es cuando realmente me llevaré las "bofetadas" de la vida y cuando caeré para volver a levantarme. En esta etapa me rodeo de otras personas, a las que quiero muchísimo y de las que en próximas entradas hablaré (gracias por estar ahí, al otro lado del teléfono, del privado o "in situ", en mi casa cuando más me ha hecho falta).

"El botox no siempre es el mejor final."

lunes, 21 de marzo de 2011

En pocas palabras

- Al fin y al cabo -dijo su novia mayor-, cuando pertenecemos al bando mayoritario de los que excluyen, todos estamos más tranquilos que cuando pertenecemos a la minoría de los excluidos. "¡Buf! Menos mal que ése no soy yo", pensamos. Básicamente, ocurre lo mismo en todas las épocas y en todas las sociedades; sólo que, cuando se está en un bando con mucha gente, acaba por no dársele demasiada importancia.

- Cuando se está en el bando de la minoría, no se puede evitar darle importancia.

- Es cierto -dijo ella, con voz apesadumbrada-. Pero, por lo menos, si te encuentras en esa situación, quizá puedas utilizar la cabeza por ti mismo.

jueves, 17 de marzo de 2011

Una anciana invoca al demonio en un curso de inglés.

Juana Yoigo, albaceteña de 72 años, invocó ayer al demonio sin proponérselo cuando, en un curso de inglés subvencionado por el Ayuntamiento de Albacete, intentó pronunciar la frase “I’ll be back on sunday”. La anciana no logró alcanzar su objetivo pero profirió una serie de balbuceos más cercanos al latín que al inglés. “Hablaba como del revés y se ponía toda roja hasta que, al final, empezó a oler fatal. Una de sus amigas le dijo ‘Juanita, déjalo ya que hasta te cuescas’, pero resulta que aquello era azufre” explica Antonio Freire, profesor del curso. Tras el olor, irrumpió en el aula una cabra siniestra que el marido de Juana Yoigo consiguió ahuyentar a gorrazos. “Era una cabra normal pero con esos ojos rojos que se te quedan de estar mucho rato en la piscina municipal” afirma Juana, que reconoce no haberse asustado en ningún momento por la presencia del diablo “porque yo ya tengo cinco nietos y dan mucha guerra”.

Antonio Freire ha reconocido que la semana pasada otra alumna de avanzada edad estuvo a punto de abrir una brecha interdimensional intentando escribir “Google” en la pizarra.

Aunque lo ocurrido es visto en Albacete como una divertida anécdota, algunos parapsicólogos y amantes del ocultismo han empezado a revisar sus teorías entendiendo que el idioma del demonio es el inglés de pueblo. “Al fin y al cabo estamos hablando de un idioma bárbaro al que basta añadirle el acento de Albacete para que se convierta en una fuerza incontrolada” sostiene la parapsicóloga conductista Mayra Oscureile.

En algunos foros de la Red han empezado a circular supuestos cánticos malignos basados en transcripciones literales de un inglés rudimentario:

“Mai loulines iskilin mí
anai mas confes astil bilí
uen aim not guizllú ai lus mamai
plis girmi a sain
hirmi beibi uanmortain
o beibi beibi
de rison i bredisyú”.


El mundo today

lunes, 7 de marzo de 2011

Las casualidades no existen

Formamos parte de una sociedad materialista, desencantada del mundo en el que vivimos. Por eso, en general solemos creer que nuestra vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no importan nuestras decisiones y nuestras acciones, pues en última instancia las cosas pasan por "casualidad". Esta visión nos convierte en meras marionetas en manos del azar. Muchos individuos nos hemos vuelto "nihilistas". No es que no creamos en nada. Simplemente "negamos cualquier significado o finalidad trascendente de la existencia humana" De ahí que orientemos nuestra vida a saciar nuestro propio interés.
Pero ¿realmente la vida es un accidente que se rige de forma aleatoria?¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos?¿Acaso no hay una finalidad más trascendente?
(...)Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. Y mientras sigamos pensando que todo esto no es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta ¿para qué vivimos?


Del por qué al para qué

Cegados por nuestro egocentrismo, solemos preguntarnos por qué nos pasan las cosas, en lugar de reflexionar acerca de para qué nos han ocurrido. Preguntarnos por qué es completamente inútil. Fomenta que veamos la situación como un problema y nos lleva a adoptar el papel de víctima y sentirnos impotentes.
Por el contrario, preguntarnos para qué nos permite ver esa misma situación como una oportunidad. Y esta percepción lleva a entrenar el músculo de la responsabilidad. Una actitud mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a intuir la oportunidad de aprendizaje subyacente a cualquier experiencia, sea la que sea. (...)

La teoría del caos.

Lo mismo nos sugiere "la teoría del caos". Por medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos "permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios", Dentro de estas investigaciones, destaca "el efecto mariposa". Para comprenderlo un ejemplo; imaginemos que un chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un máster en el extranjero. Y que al regresar a casa entra a trabajar de becario en una empresa. Allí aparece una nueva becaria, a quien sientan a su lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Y seis años más tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre.
En este ejemplo "el efecto mariposa" estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en un momento psicológico oportuno.
Al observar su historia detenidamente, comprobamos que el joven decidió estudiar un máster a raíz de la separación con su exnovia, a quien conoció años atrás en una discoteca. Remontándonos a esa noche de fiesta, destaca que el chico decidió salir con sus amigos tras perder una apuesta. Es decir, si no hubiera perdido la apuesta no habría ido a aquella discoteca y, en consecuencia, no habría conocido a su exnovia. Y si esta no lo hubiera dejado, no habría estudiado el máster, que es lo que le permitió entrar a trabajar de becario. Y fue precisamente este empleo el que le posibilitó conocer y enamorarse de la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Perder una simple apuesta le llevó a ganar un amor eterno.

La ley de la sincronicidad

Nuestra existencia no está gobernada por la suerte ni el azar, sino por "la ley de la sincronicidad". Esta determina que "todo lo que ocurre tiene un propósito". Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con los ojos ni entenderlo con la mente. Esta invisible red de conexiones tan solo puede intuirse y comprenderse con el corazón.
La ley de la sincronicidad significa que "aunque a veces nos ocurren cosas que aparentemente no tienen nada que ver con las decisiones y las acciones que hemos tomado en nuestro día a día, estas cosas están ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de disfrutar la vida"
(...) No existen las coincidencias. Tan solo la ilusión de que existen las coincidencias. De hecho "la ley de la sincronicidad" también ha descubierto que "nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestra manera de pensar determinan en última instancia no solo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias". (...) Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos.

La ley del karma

También conocida como "ley de causa y efecto". La ley del karma afirma, en esencia, que "todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias". De ahí que en el caso de que cometamos errores, obtengamos resultados de malestar que nos permitan darnos cuenta de que hemos errado, pudiendo así aprender y evolucionar. Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, cosechemos efectos de bienestar que nos permitan verificar que estamos viviendo con compresión, discernimiento y sabiduría.
Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la "casualidad", sino por la "causalidad". Según "la ley del karma cada uno de nosotros "recibe lo que da" lo que elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo.

El país Semanal.