Para ser ese mes donde el verano da los últimos coletazos, cual animal marino fuera de su medio, hacía mucho calor, o puede que fuera por la lluvia repentina o por el microambiente que se había formado en aquella habitación, aunque la verdad eso era lo que menos importaba.
Los años habían pasado, y aunque las circunstancias que se habían dado a lo largo de ellos siempre cambiaban y no propiciaban buenas situaciones, los sentimientos siempre habían sido los mismos.
No se puede decir a ciencia cierta cuál fue el detonante, puede que el hecho de haber comptartido varias cenas, el estar solos y que solo acompañara la música y el aire libre, pero claro, todo es relativo. El hecho de que hubiera gente fuera de la ciudad y una música que rememoraba tiempos de juventud, un ambiente que te mece en una completa irrealidad, como si ese ambiente y las personas que forman el entorno fueran necesarias durante ese periodo de tiempo para que el resto del año pueda sucederse con normalidad, como el cierre de un ciclo emocional. Renovarse o morir.
Un solo hecho o puede que todos juntos fueran lo que impulsara que en aquella habitación hiciera tanto calor, y que la figura de la mesa tuviera esa expresión tan extraña, o puede que sea que las altas temperaturas saquen de contexto o incluso empañen y maquillen las cosas para que queden mejor; o pueden hacer que nuestra alma nos mire desde el techo con cara rara (como dice la canción).
Ajenos al mundo y a modo de despedida, solo queda el recuerdo de aquella conversación fugaz que con el paso de los años jamás se volvería a repetir:
-Él me odia.
-A lo mejor es porque te lo mereces. ¿Lo hiciste por mí?
-No, lo hice por él.
-¿Lo quieres de verdad?
-Sí, pero quiero quedarme aquí.
-¿Por qué?
-Porque estás tú aquí y no hay dolor, no quiero salir a la calle y que me juzqguen y menosprecien. Aquí soy feliz y no tengo que fingir serlo.
-Ya, pero no siempre se tiene lo que se quiere.
martes, 27 de septiembre de 2011
miércoles, 14 de septiembre de 2011
LO DE AHORA
Toca hacer la lista de la ropa, comprar cosas y empaquetarlas, sentarse encima de la maleta y rezar para que la cremallera no reviente.
Toca ir a Alicante, hacer trasbordo y llegar a Sants (en el trayecto con un poco de suerte pondrán una película que no de vergüenza ajena, pero por si acaso llevo Fringe en el portátil...), de Sants toca coger el R4 o R7 y cap a Cerdanyola y llegar al piso de arriba del caprabo, y entonces desempaquetar.
El primer día lloraré, como el 11-S del año pasado, al verme sola y con un camino desconocido por delante, ahora no estaré sola, además conozco el camino, solo queda recorrerlo.
Echaré un poco de menos Elche, y echaré de menos TODO REDOVAN, el BAJO (ya sé Maite que apenas he ido este verano) y la piscina y la playa, la fiestas populares y la compañía del almirante con mis amigos en plena calle por la noche; salir de la ducha y no tener que peinarme y ponerme pocas capas de ropa.
Echaré de menos decirle a mi hermano que pare de tocar la guitarra, porque luego tendré que escuchar su Myspace.
Recordaré lo triste, repito triste que resulta comprar para uno y cocinar para uno, aunque luego te acabes acostumbrando. A los 40 ºC les sucederán los -4ºC y al bikini las bufandas.
Cambiaré las carreras de las fiestas (autos locos, vaca, desfiles, eventos,...) por carreras por ver quien usa primero el baño y por carreras para no perder el tren. La comisión de fiestas la cambiaré por la comisión de apuntes, y los desfiles ahora serán en la biblioteca y en los pasillos. Cambiaré el trabajo por el estudio.
Echaré de menos Redován, que para mí supone un paréntesis, una pausa, una burbuja de irrealidad y felicidad de la cual hay que despertarse para poder avanazar en este proyecto que empecé hace ya un año.
Solo me queda ver las fotos en esos momentos en los que aunque haga sol, parece que no deja de llover, para cargar las pilas.
Recordar el verano, las alhajas, mi barraca y lo que le rodea y sobre todo mis amigos y mi familia. Recordar estas fiestas de septiembre, que cada año mejores y quizás un poco agridulces.
Quedan dos fines de semana, quiero disfrutarlos, pero cada segundo que pase y disfrute de él, no podré evitar pensar en el conflicto interior que para mí representan estos momentos: necesito esta burbuja, pero necesito todavía más llegar a Sants para avanzar en mi vida.
Toca ir a Alicante, hacer trasbordo y llegar a Sants (en el trayecto con un poco de suerte pondrán una película que no de vergüenza ajena, pero por si acaso llevo Fringe en el portátil...), de Sants toca coger el R4 o R7 y cap a Cerdanyola y llegar al piso de arriba del caprabo, y entonces desempaquetar.
El primer día lloraré, como el 11-S del año pasado, al verme sola y con un camino desconocido por delante, ahora no estaré sola, además conozco el camino, solo queda recorrerlo.
Echaré un poco de menos Elche, y echaré de menos TODO REDOVAN, el BAJO (ya sé Maite que apenas he ido este verano) y la piscina y la playa, la fiestas populares y la compañía del almirante con mis amigos en plena calle por la noche; salir de la ducha y no tener que peinarme y ponerme pocas capas de ropa.
Echaré de menos decirle a mi hermano que pare de tocar la guitarra, porque luego tendré que escuchar su Myspace.
Recordaré lo triste, repito triste que resulta comprar para uno y cocinar para uno, aunque luego te acabes acostumbrando. A los 40 ºC les sucederán los -4ºC y al bikini las bufandas.
Cambiaré las carreras de las fiestas (autos locos, vaca, desfiles, eventos,...) por carreras por ver quien usa primero el baño y por carreras para no perder el tren. La comisión de fiestas la cambiaré por la comisión de apuntes, y los desfiles ahora serán en la biblioteca y en los pasillos. Cambiaré el trabajo por el estudio.
Echaré de menos Redován, que para mí supone un paréntesis, una pausa, una burbuja de irrealidad y felicidad de la cual hay que despertarse para poder avanazar en este proyecto que empecé hace ya un año.
Solo me queda ver las fotos en esos momentos en los que aunque haga sol, parece que no deja de llover, para cargar las pilas.
Recordar el verano, las alhajas, mi barraca y lo que le rodea y sobre todo mis amigos y mi familia. Recordar estas fiestas de septiembre, que cada año mejores y quizás un poco agridulces.
Quedan dos fines de semana, quiero disfrutarlos, pero cada segundo que pase y disfrute de él, no podré evitar pensar en el conflicto interior que para mí representan estos momentos: necesito esta burbuja, pero necesito todavía más llegar a Sants para avanzar en mi vida.
martes, 13 de septiembre de 2011
LO DE DESPUÉS
Después de las vaciones, llega la rutina, unos empiezan las clases, otros el trabajo, otros... siguen de vacaciones.
Cuando los efectos de esas sustancias extrañas pasan, te das cuenta de la realidad, y que todavía perdura aquello en lo que pensabas y que no todo pasa con la resaca.
Que mientras estás en esa nube de irrealidad que dura 4 días, el mundo entero ha seguido su curso y que la vida sigue pasado, cualquier minuto que desaproveches, lo has perdido. Y que si eres muy exigente, acabas perdiendo el interés por las cosas que tardan en llegar.
Y es que después de noches así, no solo los vasos es lo que queda roto.
Tras los desfiles vienen las prisas; tras las risas, los llantos; tras mi querido Redován, la cruda realidad, otro año más fuera.
Solo quea un consuelo, esperar...
Cuando los efectos de esas sustancias extrañas pasan, te das cuenta de la realidad, y que todavía perdura aquello en lo que pensabas y que no todo pasa con la resaca.
Que mientras estás en esa nube de irrealidad que dura 4 días, el mundo entero ha seguido su curso y que la vida sigue pasado, cualquier minuto que desaproveches, lo has perdido. Y que si eres muy exigente, acabas perdiendo el interés por las cosas que tardan en llegar.
Y es que después de noches así, no solo los vasos es lo que queda roto.
Tras los desfiles vienen las prisas; tras las risas, los llantos; tras mi querido Redován, la cruda realidad, otro año más fuera.
Solo quea un consuelo, esperar...
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