El duelo al fin y al cabo es un camino y, como tal, hay que pasar por todas sus fases para llegar al final. Pues algo así ha pasado aquí. Tras pasar por la negación, la ira, la negociación y el dolor, ahora ha llegado el momento de la aceptación.
Como ya dije, los desastres pasan porque nos acomodamos y aunque los vemos venir no hacemos nada por evitarlo. Las catástrofes vienen así, relajándonos, dejando que pasen y aun viéndolas venir no ponemos remedio a tiempo.
Viene bien que pasen estas cosas porque es cuando bajas la guardia y bajas la barrera, que el torbellino entra y lo destroza todo. Luego, cuando has conseguido recomponer y pegar hasta el último cristal de tu casa, vuelves a bajar esa barrera y vuelta a empezar. Así que ahora sabemos que las barreras no hay que bajarlas, porque si el aire choca contra ella, como mucho puede desgastar un poco la pintura del exterior, pero nada más. Hasta ahora era lo que mejor funcionaba.
Respondiendo a la pregunta que me había hecho al principio, ¿cómo podía saber que un grupo al que había conocido por casualidad tuviera una canción tan apropiada? Una canción que ha pegado los cristales ella sola y ha vuelto a subir esas barreras, las cuales yo bajé mientras desoía lo que me decían, para que durante mucho tiempo no vuelva a entrar el aire.
La vida es una continua despedida, solo así podemos saludar a lo que vendrá.
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