lunes, 21 de febrero de 2011

Es inevitable

Por JOSÉ BONO. Presidente del Congreso

Aquella tarde estaba en el pleno del Congreso, en mi puesto de secretario cuarto de la Mesa. Antes de que irrumpiese Tejero, se escuchó un disparo, que muchos atribuimos a un portazo, porque no podíamos concebir que alguien disparase en la casa de la soberanía popular. Pero era un tiro y se produjo en el pasillo de entrada al hemiciclo. Cuando entró Tejero pensé: "Es Ynestrillas". Había visto una foto de la Operación Galaxia en la que estaban juntos y, como Tejero no era entonces tan famoso, lo confundí. De lo que no tuve duda alguna desde el primer instante es de que aquello era un golpe de Estado. No me pasó como a la mujer de un diputado socialista, que salió del Congreso después del asalto y llamó a mi esposa para tranquilizarla. "No te preocupes que cuando yo salía ya entraba la Guardia Civil", le dijo.

Recuerdo que los miembros de la mesa podíamos ir al baño sin pedir permiso. Los demás diputados tenían que salir acompañados por un agente armado. Tanto es así que Miguel Ángel Martínez tuvo que decirle al guardia civil que le escoltaba: "O retira usted la escopeta de ahí o no me la encuentro".

A nosotros, por un raro privilegio, nos dejaban ir al servicio siempre que queríamos y yo aprovechaba para hacerlo cuando salían los ministros, en la creencia de que coincidiendo en los urinarios podría obtener una información más valiosa. Pero no fue así.

Aunque ahora nos choque, entonces se podía fumar en el hemiciclo. Cuando se nos acabó el tabaco, solo nos quedaban los celtas cortos de Gómez Llorente, que no le gustaban ni a Landelino ni a casi a nadie de la Mesa. Así que le pedí permiso al guardia que tenía al lado para ir a buscar un cartón de Winston a mi despacho. Subimos y, una vez allí, me dijo si podía llamar a su esposa. "Como usted comprenderá", le respondí, "a los secuestrados no se les pide permiso". Le pasé el teléfono y dijo: "María, estoy en el Palacio de la Moncloa..." Cuando lo escuché me quedé espantado.

Aislados y sin noticias de lo que sucedía en el exterior, temí que, en un macabro juego de la oca, los salvapatrias nos metieran otra vez en el pozo de la historia. Afortunadamente no fue así. Supe que el golpe había fracasado a través de EL PAÍS. Una de las veces que fui al baño un guardia estaba hojeando un periódico y, cuando pasé a su lado, lo cerró. Pude leer el titular que decía: "El País, con la Constitución".

A mi regreso al hemiciclo, informé a Landelino y a todos los demás de lo que había leído en el periódico.

Pero aquello pudo acabar muy mal. Acabábamos de hacer un seguro de vida para los diputados y Leopoldo Torres, en un rasgo de humor negro, me pasó un papel en el que había escrito: "350 por 10

=3.500 millones. La ruina de la Unión y el Fénix".

6 comentarios:

  1. Los pelos de punta, historia de españa...

    ResponderEliminar
  2. me encanta!! todo lo que tenga que ver con el 23-F y cómo España se mantuvo fuerte para no caer en el pozo de la historia!!

    ResponderEliminar
  3. Quien es el anónimo?? Pero aun me quedan dos que tb me han gustado... voy a ponerlo y el miercoles otro.

    ResponderEliminar
  4. Me ha gustado este, porque era un testimonio de alguien que estuvo dentro y nunca lo habia leido de esa manera

    ResponderEliminar
  5. A mi también me gusta mucho esta, tuvo que ser una sensación brutal...

    ResponderEliminar