No sabía dónde me encontraba, estaba completamente desorientado, típico cuando te acabas de despertar. Miraba al techo, el dueño de aquel piso había hecho lo posible para que la pintura fuera uniforme, pero con el techo había hecho una chapuza. Aún se intuían las manchas de humedad que hacían notar que ese inmueble tenía muchas historias que contar.
La habitación no mediría más de unos pocos metros cuadrados, y la iluminación provenía de una mañana bastante soleada para ser aquella época del año. La pared con pintura de un color que no podría identificar, pero sin duda no era blanco. Los muebles que había en aquella habitación daban la impresión de pedir a gritos una capa de barniz. Una estantería repleta de libros, dos fotos, ninguna de las personas que salía en ellas me resultaba familiar. Un armario y un escritorio, sobre él lo que parecían ser mi teléfono y mis llaves. Pude ver dos copas y una botella de vino, restos de la noche anterior. No es el vino que tomas cuando eres joven escondido en un parque, era la clase de vino que precede a una noche de la cual a la mañana siguiente guardas vagos recuerdos.
Tenía una sensación rara, de satisfacción, no sabría decir cuál era. De repente recordé todo. Recordé su tacto desnudo que incitaba a la locura, recordé su ternura, su pelo me parecía menos apagado y sus ojos, ellos solos habrían hecho apagar todas las farolas de Lyon. Recordé todos y cada uno de los momentos que me devolvieron una juventud anhelada y la nostalgia de aquel amor secreto y la satisfacción que sentí cuando aceptó la cortés petición que le hice junto a la lumbre en aquel café. Miré hacia un lado y a otro para ver si seguía allí. Pero solo había una nota. Escrita con una letra que yo recordaba de los viejos tiempos, una letra tan perfecta como los lunares de su cuello, aquellos que pude volver a recorrer la noche anterior. La nota decía:
Buenos días. Hay café en la cocina.
Pido perdón pero necesitaba que esta historia tuviera un final.
Oii que bonita. DEmasiado bonita. Demasiado... reveladora? jajajajajaja.. pero no entiendo lo de que tenia que tener un final...
ResponderEliminarno, reveladora no es tranquila jajaja
ResponderEliminarjajajaja muy buena aportación :) alguien la tenía que terminar, no? :P
ResponderEliminaraún podría continuar, porque con el final de "Hay café en la cocina" abre a la libre imaginación. Corto, pero intenso, me gusta!
ResponderEliminar